El Términus: memoria, materia y continuidad.
El Términus, antiguo Hostal Términus, es uno de esos lugares profundamente arraigados en la memoria colectiva de los mallorquines.
Un espacio cargado de historias, encuentros y vivencias que, con el paso de los años, se ha convertido en un referente emocional además de arquitectónico.
No se trataba únicamente de diseñar un nuevo espacio, sino de respetar su legado y estar a la altura de quienes lo habían vivido durante décadas y esperaban reencontrarse con su esencia en esta nueva etapa.
Desde el inicio surgieron varias preguntas: ¿debíamos recrear el antiguo hostal y cafetería? ¿Apostar por una re-interpretación con guiños al pasado? ¿O plantear un lenguaje completamente contemporáneo?
La respuesta fue clara: el local debía hablar por sí mismo, establecer un diálogo natural con el magnífico edificio que lo alberga y con la historia que este transmite.
Proyecto desarrollado a partir de un hilo conductor entre tradición y actualidad. Los pavimentos, sin reproducir los antiguos hidráulicos, evocan su carácter mediante el dibujo que enmarca los bancos y realza uno de los pilares originales de forja.
El segundo pilar se valora en el soporte de una singular mesa excéntrica de madera, un cuidado trabajo de carpintería. Ambos aportan majestuosidad y sostienen techos de vigas de madera que, sin renunciar a su esencia, adoptan una estética más contemporánea gracias a su tratamiento monocolor y al juego de alturas que permite una luz más escenográfica y una percepción espacial amplia.
Las paredes se resolvieron con pintura a la cal, un acabado que, además de responder a una sensibilidad actual, recupera la textura viva y matizada de los revestimientos tradicionales, generando esas “aguas” que aportan profundidad y autenticidad.
Destaca especialmente la gran mesa común, una idea muy clara de la propiedad, concebida como lugar de encuentro y de compartir, una tipología poco habitual en los bares mallorquines que, sin embargo, ha sido acogida con entusiasmo por clientes de todas las edades.
La iluminación, entendida como un material más del proyecto, ha sido clave para construir la atmósfera final: cálida, cercana y acogedora, capaz de acompañar la experiencia sin imponerse.